domingo, 26 de octubre de 2014

Creación de triptico en Word



Aquí una muestra de como crear un tríptico con ayuda del ordenador. Fijaros bien, pues es muy fácil si seguís bien los pasos. Tener en cuenta la información que aparece en cada una de las caras. Como sabéis,  un tríptico tiene 6, cada una con una información concreta. La primera que se ve al coger uno de estos folletos es muy importante, por eso la imagen y la disposición y la claridad de la información es muy decisiva en esta primera cara. La parte externa, al ir plegado sobre sí mismo, sólo consiste en dos caras. Éstas serán las que den la primera imagen, por lo tanto, que sean bonitas y llamativas, de acuerdo con el estilo de cada anunciante/empresa/vendedor... La parte de dentro ha de tener bien expuesta la información, empezando por una introducción y descripción del objeto del folleto (el tema). Esta información deberá de estar explicada por puntos, de forma clara y sencilla, casi esquemática. Y que no falten imágenes. También se tiene que poder ver claramente quién es el anunciante, dónde localizarlo y forma de contactar. Ésto último suele aparecer en la parte trasera del tríptico, para que fácilmente sea visto en su forma cerrada. También suele aparecer un logotipo que ayude a identificar la marca, la institución, asociación, etc que publica el texto. Inventa uno para tu folleto.

Poneros en acción e ir diseñando cada un@ de vosotr@s vuestro propio folleto informativo, bien sea díptico o tríptico. Ánimo. Quiero verlos el próximo lunes 10 de noviembre.

CASTELLANO. Sobre folletos publicitarios. El tríptico y el díptico.

Dejando atrás el relato de terror, en esta nueva entrada vamos a ver qué es un folleto informativo:

Un folleto es un texto impreso reducido de hojas, que sirve como instrumento divulgativo o publicitario.
  • Redactar títulos y subtítulos claros y atractivos.
  • Exponer argumentaciones completas. Explicar los beneficios del producto o servicio y hacer un resumen de los mismos.
  • Incluir fotografías en las que aparezcan los productos, así como demostraciones de su funcionamiento, junto con pies de foto explicativos.
  • Acompañar el texto y las fotografías con diagramas o dibujos.
  • Ordenar los diferentes productos y argumentaciones en una secuencia lógica.

En marketing, el folleto también es una forma sencilla de dar publicidad a una compañía, producto o servicio. Su forma de distribución es variada: situándolo en el propio punto de venta, mediante envío por correo o buzoneo o incluyéndolo dentro de otra publicación de venta o entre otras cosas.
Las cadenas de distribución utilizan regularmente folletos para dar a conocer a los clientes de la zona de ofertas periódicas.
Hay diversos tipos de folletos, dos de ellos son los dípticos y los trípticos.
(Extraído de la wikipedia)

Instrucciones para crear tu propio folleto:
    1.Define tu audiencia. Esto impactará en el tipo de información incluida en el folleto. Por ejemplo, una audiencia de un folleto de salud pueden ser chicas adolescentes embarazadas o mujeres de más de 40 años embarazadas. Los temas que incluyas acerca del embarazo variarán grandemente entre ambos grupos.
    2. Escribe la información primaria en el primer o en los primeros dos párrafos del folleto de salud. La mayoría de los lectores mirarán al menos estos párrafos. Incluye el tema de salud que estás comentando, como el embarazo adolescente, y los principales riesgos sanitarios y situaciones que serán discutidas más adelante en el folleto, como los nacimientos prematuros, el aborto y la adopción.
    3. Incluye entre tres y cinco secciones adicionales de información en el folleto de salud. Los tipos de secciones que puedes incluir variarán dependiendo del asunto de salud que está siendo tratado y la audiencia. Algunos ejemplos incluyen el impacto cultural, los tratamientos, las causas, los síntomas, los beneficios de ciertos comportamientos, las opiniones de expertos y las posibles complicaciones.
    4. Incluye tantas viñetas como sea posible. Es más probable que la gente lea una lista que un párrafo. Por ejemplo, en vez de mencionar los síntomas del glaucoma en un párrafo, haz una lista en tu folleto de salud.
    5. Coloca información de contacto de tu organización, tu compañía, etc en el folleto, como también algún lugar donde los lectores puedan conseguir más información, como un sitio web.

 Como ves, se trata de textos pertenecientes al campo amplísimo de los textos publicitarios. Veamos algunos ejemplos, pues vale más una imagen que mil palabras.

Contestad a las siguientes preguntas en vuestro cuaderno:

1. ¿De qué trata cada tríptico?
2. ¿Quién crees que los ha publicado? ¿A quién van dirigidos?
3. ¿Crees que la imagen, el tipo de letra, el color que se usa es importante? ¿Por qué?
4. ¿Cuál es la finalidad de este tipo de textos?
5. ¿Qué parte crees que se nos muestra, la interior o la exterior?
6. Elige uno de los cinco que puedes encontrar en esta entrada y crea el texto y la imagen de la cara del tríptico que no se nos muestra.

Más ejemplos de dípticos aquí, aquí y aquí.

Fecha límite: lunes 3 de noviembre.

VALENCIÀ. Què és una auca?

Ja hem estat comentant i veient a classe què és una auca. Ací teniu l'explicació permanent, per als despistats o despistades i aquelles persones que no han pogut assistir a classe la darrera setmana. L'auca, com veieu als enllaços, té un origen lúdic (en el joc) ja fa uns quants segles, però avui en dia es confegeixen les auques de tot tipus perquè és una bona manera d'aprendre sobre algun tema de forma divertida. No vos sembla? Ací teniu alguns exemples.


Ja sabeu que heu de fer la vostra pròpia auca, utilitzant fotos o imatges fetes per vosaltres, confie en les vostres dots artístiques. Intenteu que els rodolins siguen heptasíl·labs, recordeu que en valencià només comptem fins l'última síl·laba tònica, i que la rima siga consonant. A veure si podeu arribar a les 8 o 12 vinyetes! Ànim. Si voleu fer-ho per via digital, podeu intentar-ho amb programes del tipus powerpoint, enlloc d'imprimir-ho, podeu enviar-m'ho al correu. Experimenteu. 
Teniu fins el dimarts 4 de novembre, data límit.

lunes, 13 de octubre de 2014

Sílabas, diptongos, triptongos e hiatos...

En este caos de vocales que se unen y se separan hay que poner orden. Vamos a ver aquí unas pinceladas de teoría. Podéis hacer unos ejercicios para comprobar si habéis aprendido algo sobre el tema. Practicad y fijaros en los errores que cometéis.
También podéis practicar los acentos, empezando por las palabras monosílabas. Copiar en el cuaderno las oraciones que aparecen más abajo de la explicación. Añadid las tildes necesarias. Cuando lo hayáis hecho, comprobad vuestros errores y aciertos usando el botón de las soluciones. Pero no hagáis trampa! Tendréis que explicar en clase como lo habéis sabido.
Hasta pronto.

domingo, 12 de octubre de 2014

El gato negro II

Acaba de leer el relato de terror de Edgar Allan Poe y contesta las siguientes preguntas en tu cuaderno. La profesora recogerá este trabajo el próximo lunes 20 de octubre. Pon atención en la ortografía.

"Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.
Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.
Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.

El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.
No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: "Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano".
Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.
Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.
Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.
-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida... (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes... ¿ya se marchan ustedes, caballeros?... tienen una gran solidez.
Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.
¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.
Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!"

1. ¿Cómo termina la historia?
2. ¿Cómo se describe a los protagonistas: el gato, el amo y su mujer?
3. ¿Por qué crees que se nombra tanto al demonio y al infierno?
4. ¿Conoces otros autores de literatura de terror? Nómbralos.
  

sábado, 11 de octubre de 2014

De Reis del segle XIII, diades nacionals i altres reflexions.

Hola estudiants de GES1. Com sabeu hem fet festa perquè el dia 9 d'octubre es celebra la diada històrica del País Valencià.
Per cert, sabeu qui és aquest de la imatge?
Feu una ullada i busqueu informació sobre ell a la Viquipèdia.
Resumiu qui va ser aquest famós personatge (el qual apareix en luxosos retrats en les parets del Palau de la Generalitat de València).
Aquest text l'haureu de lliurar a la professora el proper dimarts 21 d'octubre.
Diuen que escrigué una Crònica, un text narratiu d'extensió considerable on contava la seua vida, posant-hi especial interés en les seues gestes i batalles.
Creieu que un rei com aquest tindria temps i ganes de dedicar-se a l'escriptura?
Quina debia de ser la finalitat d'aquest tipus d'obra literària?
Sabeu què és un escrivà? Busqueu el significat d'aquesta paraula.
ATENCIÓ: Cal que contesteu les preguntes en un comentari al peu de l'entrada. Formarà part de la vostra nota del trimestre. Vigileu les faltes i la correcció del text.

martes, 7 de octubre de 2014

LA LITERATURA ORAL I POPULAR: LA RONDALLA

Les rondalles formen part de la nostra literatura, la que va iniciar un procés, el de contar històries a la llum de la llar en les cases més humils, fins arribar al complex món editorial de hui, en què s'escriuen novel·les i s'editen a tot color després d'haver-se corregit moltes vegades.

En canvi, les rondalles són l'expressió espontània del poble, de la gent normal.
El llenguatge amb què s'expressen és molt col·loquial i de vegades amb alguns barbarismes i expressions poc correctes.
Els temes que hi apareixen són els de la vida senzilla, les coses que podien ocórrer i que la gent comentava el dia de mercat, a la plaça...
L'espai sol ser en un poble, és a dir, un entorn rural. En les muntanyes o pel terme d'alguna comarca.
Poden aparéixer éssers animals que parlen (personificats) o persones i éssers fantàstics.
La seua estructura és similar a la de qualsevol conte: Inici, desenvolupament i final.
Moltes vegades la rondalla aporta un consell o ensenyament final. Aquesta era, en part, la seua funció.

Escoltant un dia rere altre aquestes rondalles, així és com han crescut els nostres avis i besavis. En un món on la televisió encara no s'havia inventat, la ràdio era cosa de rics i les coses que passaven en una comarca o poble entraven a formar part de les llegendes i els mites (quan se'ls afegia la fantasia) i també de les rondalles.
Les rondalles que coneguem són cosines germanes dels contes dels germans Grimm, o dels de Andersen: La Blancaneu, La Ventafocs, Els tres porquets, la Caputxeta Vermella... Hi ha temes que apareixeran arreu de les rondalles de tot el món, com la típica historieta del llaurador ric i el llaurador pobre. Recordeu que s'inventaren en un temps on la societat era molt diferent a la dels nostres dies, però no només ací a prop, sinó que és una literatura, l'oral, compartida per totes les cultures del planeta. Des d'Àfrica fins a Groenlàndia, passant per Perú o l'Índia.

lunes, 6 de octubre de 2014

Lectura y actividades de la semana

Hola a tod@s:
Después de unas merecidas minivacaciones, vamos a empezar a trabajar ya en serio la asignatura de Lengua castellana y su literatura. Veréis, cada semana debéis de entrar el blog para seguir las actividades que tendréis que ir haciendo y entregándome. De acuerdo?
Recordad que para mejor comprensión y repaso de la asignatura hemos acordado entre el profesor de Sociales y yo que os comprárais el libro de la editorial Editex llamado PCPI Ámbito sociolingüístico. A parte, ya sabéis, a entrar en el blog y a seguir las instrucciones que os vaya mandando. A dia de hoy he recibido de algun@s alumn@s las siguientes actividades que ya estan contabilizándose como parte de vuestra nota de la primera evaluación.

- La descripción personal.
- La ficha de lectura con vuestra elección para esta evaluación.
- Un ejemplo de obra literaria y decir a qué género pertenece. Puede ser una obra de cualquier literatura universal, no tiene por qué ser de la literatura española.

QUIEN NO LO HAYA HECHO YA, que no pase de largo, pues es REQUISITO PARA APROBAR LA EVALUACIÓN. Más vale tarde que nunca.

No os despistéis y preguntar en caso de duda. En este blog tenéis acceso libre para dejar comentarios que yo leeré cada día. Y también tenemos el correo electrónico para mejor comunicación. Hacer uso de estas fantásticas herramientas del siglo XXI.

Desde aquí os mando la siguiente tarea:
Lee la primera parte de este relato y contesta las siguientes preguntas:
RECUERDO QUE HAY QUE ENVIARLAS POR CORREO ELECTRÓNICO ANTES DE FINALIZAR LA SEMANA A mireiaprofevalencia@gmail.com.


1. ¿Cuál era la afición del protagonista cuando era niño?
2. ¿Qué defecto del carácter lo caracteriza?
3. ¿Qué ocurre con el primer gato?
4. ¿En qué se parecen los dos gatos y en qué se diferencian?
5. Describe al protagonista (30 palabras mínimo)
6. Busca en el diccionario las palabras en negrita del texto y escribe su significado. Ayúdate de este enlace de la Real Academia de la Lengua Española.
7. Explica con tus palabras las expresiones subrayadas del texto.
8. ¿Puedes averiguar quien es el autor y su nacionalidad? Busca en este enlace por el título del relato The black cat.

El gato negro
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.
Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.
Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.
Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.
Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.
Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.
El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla -si ello fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.
La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: "¡Incendio!" Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.
No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras "¡extraño!, ¡curioso!" y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.
Al descubrir esta aparición -ya que no podía considerarla otra cosa- me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.
Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.
Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.
Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo había visto antes ni sabía nada de él.
Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.
Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin que pueda decir cómo ni por qué- su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente -muy gradualmente- llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.
Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.
El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor al animal.
Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra..., ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!
Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso -pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme- apoyado eternamente sobre mi corazón.